Edición 123 Revista Kinetoscopio

Caribes somos
Editorial

La tercera entrega anual de Kinetoscopio dedicada a los cines regionales nos lleva esta vez a la costa caribe colombiana, en un arco que trazamos desde La langosta azul (1954) hasta Pájaros de verano (2018). Hay en el largo recorrido una multitud de voces, estilos y propuestas imbuidas de mitos, realismo mágico, tradiciones folclóricas y desparpajo; pero también carencias, interrogantes y vacíos sobre el presente y el futuro del cine costeño. En el camino están los nombres de Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Enrique Grau, Luis Ernesto Arocha, Luis Fernando “Pacho” Bottía, Heriberto Fiorillo, Ernesto McCausland, Sara Harb, Ivan Wild, Roberto Flores y Ciro Guerra, autores notables en su diversidad de intereses y en la pluralidad de su mirada. Sin embargo parece haber la impresión de que se trata de una filmografía poco cohesionada, donde los esfuerzos individuales o impulsados por la academia o por la televisión local reemplazan al espíritu colectivo regional.

Abre esta edición un texto-compendio de la historia y el presente del cine caribe que descubre para nosotros voces y filmes que no siempre alcanzan resonancia nacional, y nos pone en un contexto crítico frente a la situación del audiovisual según la percibe su autor, Héctor Romero. Rodeamos este ensayo con artículos sobre el cine experimental a partir de la obra de Arocha, y además perfiles de Bottía, Flores y Guerra, además de una entrevista con Cristina Gallego, codirectora de Pájaros de verano, filme al que dedicamos una reseña individual dada la resonancia internacional que ha tenido, incluyendo su elección como propuesta de Colombia a la candidatura al premio Oscar a mejor película en lengua extranjera.

Si hay una región colombiana rica en imaginación, ideas, costumbres autóctonas y humor, esa es la caribe, donde además tiene lugar el festival de cine más importante de la nación. Y su cine tiene que reflejar ese caudal creativo, expandiéndolo y haciéndolo visible al resto del país y allende sus fronteras. Existe el material y existen los autores para hacerlo. El cine de la costa no puede ser una curiosidad hecha por pulsos e impulsos, debe ser un río de imágenes en el que podamos sumergirnos y en esas aguas vernos y, por supuesto, reconocernos. Caribes somos.

Feliz lectura.

–El Editor

 

Consulta más información en www.kinetoscopio.com



WhatsApp Escríbenos por WhatsApp
X