Edición 124 Revista Kinetoscopio

Todo el cine es político
Editorial

 

Reivindicativo, de denuncia, panfletario, incendiario, manipulador, expositivo, acusador, deliberativo, liberador… todos los adjetivos le caben al cine cuando de asumirlo como un hecho político se trata. Este número de Kinetoscopio está dedicado a abordar este arte desde su perspectiva política, enfatizando la mirada a partir de diversas regiones del mundo, hasta particularizar el caso latinoamericano y el colombiano.

La conclusión no debe sorprender a nadie: todo el cine tiene una intención política, sea explícita o implícita, pues como arte responde a unas circunstancias comerciales, industriales, históricas y sociales que lo influyen y lo moldean. A veces el resultado es evidente para los ojos desprevenidos, como en un documental de Michael Moore o una de las ficciones poco sutiles de Robert Guédiguian, pero en ocasiones se requiere de agudeza para detectar lo que un filme y su autor o autores pretenden decirnos de manera soterrada. Muchas veces la película apenas está reflejando la sociedad y la cultura en medio de las cuales germinó, pero eso ya basta para dar cuenta del “estado de las cosas”. No se requiere gritar cuando las imágenes hablan por sí solas.

“De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante”, expresaba Lenin totalmente convencido de la exactitud de sus palabras. El cine ha servido a la política como arma contundente, capaz de manipular y mover masas en pro de una ideología, sea de izquierda o de derecha. Ambos espectros políticos se dieron cuenta de la capacidad hipnótica de las películas, el impacto que causaban entre el público y lo sencillo que era alinearlo a favor de una idea o en contra de otra. Ese cine propagandístico sigue vivo, quizá no de forma tan evidente, pero no se trata de una especie exactamente en extinción. Los videos con fake news son una de sus últimas resurrecciones.

En un mundo tan mediatizado como en el que vivimos, el cine político se ha adaptado a los nuevos lenguajes audiovisuales y se ha mimetizado en documentales sobre el cambio climático, el racismo, la violencia de género o la xenofobia; y en piezas de ficción sobre los inmigrantes que llegan a Europa, la guerra en Oriente medio, el espionaje industrial o las intrigas políticas. Esto requiere un espectador consciente y crítico frente a lo que ve, so pena de dar por sentado conceptos que no necesariamente son objetivos. Esperamos que esta edición de Kinetoscopio sirva para darle al lector elementos de juicio y análisis frente a una realidad que es imposible de comprender sin considerar su ángulo político.

Feliz lectura.

–El Editor



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